jueves, 26 de marzo de 2015

Vicio Propio (Inherent Vice)

Año: 2014.
Género: Comedia - Crimen - Drama.
País: Estados Unidos.
Duración: 148 minutos.
Dirección: Paul Thomas Anderson.
Intérpretes: Joaquin Phoenix, John Brolin, Owen Wilson, Katherine Waterston, Reese Witherspoon, Benicio del Toro, Jena Malone, Maya Rudolph, Martin Short, Michael K. Williams, Eric Roberts, Sasha Pieterse, Martin Donovan, Hong Chau.

"La historia sigue a Doc Sportello, un detective un tanto peculiar en la cambiante Los Ángeles de los años '60. Hace un tiempo que él no ve a su ex-novia, cuando de repente ella recurre a sus servicios porque su nuevo amante, un magnate inmobiliario, ha desaparecido. Sportello se ve enredado entonces en una intriga en la que los escrúpulos chispean por su ausencia y cuya trama es casi la de una novela negra clásica, en una California poblada por surfistas embriagados de la mitología de las olas gigantes, combatientes de Vietnam, agentes del FBI reconvertidos en hippies, pandillas carcelarias, la escabrosa sombra de Charlie Manson y sus acólitos, una brutal organización secreta de dentistas, policías corruptos y bellas masajistas de sexualidad ambigua."

Nada te puede preparar para la experiencia que es Inherent Vice. No es lo que uno es espera al ver el trailer, y todavía después de terminada quedan asuntos por resolver en la trama, de tan caótica y aderezada con hierbas y sustancias varias que resulta ser. Un segundo visionado se impone para cerrar los conflictos que hay desperdigados en la trama, pero lo que se puede decir a ciencia cierta es que Paul Thomas Anderson se marcó otra película totalmente extravagante y loca.


De más está decir que la nueva película de Anderson no es para todos. Es muy fácil caer en la tentación de odiarla por su desestructurado centro narrativo, o dejarse llevar por la sensación de que la trama no va hacia ningún lado. Inherent Vice precisa de la concentración del espectador para hacerse llevadera, o terminar aplastado por el innumerable desfile de estrellas que se prestan a la historia del escritor Thomas Pynchon, la cual se considera su novela más accesible. Ambientada soberbiamente tanto desde lo estético como desde el apartado visual y lo musical - la banda de sonido da escalofríos de lo bien construída que está -, el film propone una historia que involucra playas hippies, paranoia policial y sexualidad desbordante, todo un combo mezclado con drogas y psicodelia, con textos profundos e incoherentes que dan paso a una película dispersa y muy volátil.


El universo de Pynchon choca fuertemente con el mundo de Anderson, y el resultado es intrigante, pero algo carente de alma. La mezcla, el resultado final, es una trama ennrevesada, surrealismo a todo vapor y verborrea constante de personajes que entran y salen de escena como si fuese un sueño onírico. Si The Master les resultó pesada, el camino que sigue el director es el mismo, pero con el agregado de un toque de humor negro agitado en el mismo envase que un policial noir.

 Entre tanto extrañamiento entre personajes y situaciones absurdas, lo mejor de la propuesta es su elenco, encabezado por el actor fetiche de Anderson, Joaquin Phoenix, quien parece repetir siempre el mismo papel de perezoso y drogado pero que encaja perfecto con el ambiente de la historia. Junto a él, es toda una revelación la magia y el carisma que aporta Katherine Waterston, y el oficial recio de Josh Brolin, que se presta a grandes momentos de comedia durante la trama. Es casi imposible destacar al elenco coral reunido bajo el cartel andersoniano, pero destacan  Benicio del Toro, Owen Wilson y Reese Witherspoon entre otros, formando un sólido núcleo actoral por el cual también vale la pena darle una chance al film.

Inherent Vice es una película que no dejará indiferente y que será por demás valorada por los acérrimos seguidores del excéntrico director. En lo personal, me quedo a medio camino, ya que el conglomerado de personajes y situaciones poco definidas hace que el resultado me sepa a poco, demasiado extraño e irregular aunque mantenga su elegancia. Hay que conectar con su trama desde el comienzo, o el resto será un mal viaje lisérgico.

 Calificación: B