viernes, 24 de febrero de 2012

El juego de la fortuna (Moneyball)

 Conocida también como 'Rompiendo las reglas'

Año: 2011
Género: Drama.
País: Estados Unidos
Duración: 133 minutos.
Dirección: Bennett Miller.
Intérpretes: Brad Pitt, Jonah Hill, Phillip Seymour Hoffman, Robin Wright, Chris Pratt.

"Billy Beane, el director general de los Oakland A’s y el encargado de armar al equipo, tiene una revelación: todo el conocimiento general del béisbol está mal. Obligado a reinventar su equipo con un presupuesto limitado, Beane tendrá que ser más astuto que los clubes más adinerados. 
 Estos equipos de atletas únicos con el graduado de la Ivy League, Peter Brand en una extraña sociedad, reclutan jugadores baratos que los cazatalentos llaman defectuosos, pero todos ellos tienen la habilidad de permanecer en la base, hacer corridas y ganar partidos. Es más que béisbol, es una revolución – una que reta las tradiciones de la vieja escuela y pone a Beane en la mira de quienes aseguran que él está arrancando el corazón y el alma de este deporte."

  Aquellos que me conocen lo saben, pero lo repito para los que no tienen idea: detesto el fútbol, el basquet, todo aquel deporte en el que se forme equipo; quizás hay algunos que rescate como el voley o en susodicho baseball, pero nunca me van a ver mirando un partido, me aburren demasiado. Por extensión, creo que las películas de deportes son aún más aburridas y no les veo ningún valor de divertimento. Moneyball es la excepción a la regla: finalmente una historia deportiva logra captar mi atención completa, y supongo que es debido a que dos grandes guionistas se han puesto manos a la obra para engendrar esta historia basada en hechos reales.

 A la hora de acercarme a Moneyball, tuve en cuenta que lo primero que me saltaba a la vista, además del protagónico de Brad Pitt, era el guionado compartido por dos bestias del medio: el primero es Steve Zaillian, quien escribió grandes películas como su galardonado guión de La Lista de Schindler, Misión Imposible, Hannibal, Pandillas de Nueva York, Gángster Americano y mi última y gran favorita, La chica del dragón tatuado, y el segundo es Aaron sorkin, otro gran maestre que tiene entre sus títulos los recientes Charlie Wilson's War y ganó un Oscar por Red Social. ya con haber visto los últimos trabajos de estos dos señores podemos imaginar por donde viene la línea del libreto: una historia sencilla, entendible para aquellos (como yo) que no sabemos un moco de pavo de béisbol, con varios personajes y diálogos que en vez de ser parlamentados tal parece que son disparados desde la boca del elenco. Y ése creo que es uno de los puntos claves para disfrutar la película, y motivo más rotundo por el que esta película está nominada al Oscar: su guión, una excelente mezcla de historia y diálogos que arman el film y del cual no podía esperarse menos de las dos mentes conjuntas de estos grandes.

 Ahora, abordando la historia propiamente dicha, la racha de mala suerte de los Oakland A's y su posterior alza suenan un poco recurrentes con el Síndrome Cenicienta del que siempre pecan este tipo de propuestas, aunque es para aplaudir el tratamiento que el director Bennett Miller (Capote, con Seymour Hoffman en el protagónico que le valió su Oscar) para que este desarrollo no se note tan brusco ni se limite a dar típicos bandazos al punto sensible del espectador, como sí lo han hecho, cof, cof, otras producciones con las que comparte nominaciones al hombrecito dorado; la historia que narra Moneyball es sincera, y por sobre todo, racional, ya que el despunte del equipo se basa en cálculos y técnicas y más cálculos, además de una pizca de pasión: nadie les regala nada ni nadie recorre metas imposibles ni nada le cae al grupo de suerte. Todo está detrás de una (o dos) mente(s) pensante(s) que supieron cómo acomodar las fichas en el tablero para generar el mejor desempeño, incluso cuando nadie creyó en la mencionada técnica.

 Al frente del equipo está Billy Beane, el mánager alguna vez gran promesa del deporte que interpreta Brad Pitt; hace rato que Mr. Pitt dejó de ser más que una cara bonita en el cine, y en este caso demuestra un personaje maduro y sensible, aunque lo esconda bajo una capa de dureza que sólo se quiebra casi llegando al final. Podrá ser una escena emocional y todo, me compró, pero ese detalle, tan fuerte como lo es, no justifica su presencia en la terna a Mejor Actor; es más, si hablamos de personajes pétreos, mejos hubiera sido nominar a Ryan Gosling por su excelente Drive. Mismo caso con Jonah Hill: por fin se despegó de gran parte de su nerdo infinito, le quedan restos, pero no entiendo su postulación a Mejor Actor de Reparto cuando, y sin volverme repetitivo, Albert Brooks en Drive hizo un secundario más que aplastante. Cosas que no entiendo, y eso que no desmerezco en absoluto su fantástico trabajo en la película, sólo que es muy bueno y no excelente; si rescato a Phillip Seymour Hoffman, otro hombre orquesta en Hollywood: acá hace de entrenador obstinado y con sólo un par de palabras y un par de gestos te hizo una conversación. Alucinante.

 Hilando más y más fino, creo que Moneyball me abrió los ojos con respecto a cómo se maneja un club por dentro, con todos esos pases repentinos y con tan sólo 15 segundos de charla, y así de sencillo un club sella el destino de los jugadores; imagino que todos los clubes se deben manejar igual, y realmente hay que tener lo que se necesita para ser mánager y tratar de levantar a un equipo que está en las últimas y los brontosaurios del club no apuestan por innovar y arriesgarse. Ésa es la clave y la moraleja que presenta la película: el que no arriesga no gana, incluso si te llevás el desagrado de más de una persona.
 Aplaudo también las partituras de Mychael Danna, tan simples pero tan llenas de emoción que iluminan o ponen sombras a cada escena. Ciertos momentos me llegaron muy certeramente; un guiño a los Oscars no hubiese estado nada mal...

 Moneyball me sorprendió más por su condición humana y social que por el estigma que le tengo a las películas de deportes; quedó demostrado que con una historia interesante y un guión fresco y cautivador, se puede, como lo hicieron los Oakland A's.


 Calificación: B+